Semana Santa en Oaxaca: Una mezcla bien mezclada

Published on abril 19th, 2014

Chorros de agua y diversión, religión, música a todo volumen, mariscos, un chapuzón inesperado y peregrinaciones, son las asociaciones que más comúnmente se realizan, según un pequeño censo a 25 personas en la capital poblana, al escuchar las siguientes palabras: Semana santa. Sin embargo ¿En todas partes se dará igual? Averigüémoslo…

 

Ubicado al norte del estado de Oaxaca, entre las montañas y cactáceas de la árida cañada, a casi 180kilómetros del a capital Angelopolitana, se encuentra Teotitlán de Flores Magón, un pequeño poblado que, según las últimas estadísticas arrojadas por el INEGI, no sobrepasa los 8000 habitantes el cual colinda geográficamente con Puebla, y cuya cercanía, tanto cultural como social, ha repercutido en sus celebraciones, usos y costumbres.

Así pues, mientras en la capital poblana las asociaciones con el término “Semana Santa” se dieron mayoritariamente por el lado festivo y divertido, en este pequeño poblado predominaron los términos religiosos como “Viacrucis”, “misas”, “peregrinaciones” y “nadar”, y esto puede deberse a que, según palabras propias de algunos habitantes: “al ser una comunidad pequeña, hay mayor integración y unidad en la realización de actividades grupales”

Sin embargo, puede observarse otra cosa. A pesar de contar con un número de habitantes relativamente bajo, Teotitlán de Flores Magón cuenta con el reconocimiento de la región por ser mixto y variado en las celebraciones de estas fechas, ya que el colorido, lo tradicional y la innovación se reúnen para dar, año tras año, grandes celebraciones a las que asisten turistas de diversos estados y personas de poblaciones aledañas.

Tomando el domingo de Ramos como el inicio de la celebración nominal de Semana Santa, se aprecian diversos matices característicos de esta fecha desde el medio día: ramas realizadas por artesanos de la región adornan las fachadas de las casas, calles y avenidas más importantes de la población, la iglesia deja de verse como un recinto exclusivo para unos cuantos y la gente llena a montones cada una de las misas que se llevan a cabo.

Momentos después, cuando el ocaso comienza a ganarle partida al sol, de distinguen varias procesiones y peregrinaciones que invaden las pequeñas y angostas calles de la población coreando alabanzas, porras y cánticos. Las gafas y sombreros de sol dan paso a prendas ligeras por las altas temperaturas que se alcanzan en la región y que según se pudo medir en este 2013, se llegó a los 40°C.

Siguiendo al Domingo de Ramos, siguen tres días de calma relativa en las celebraciones estrictamente religiosas. Sin embargo, y como en todo, siempre surgen alternativas de diversión tradicionales que por momentos son mal vistas por foráneos o recién llegados: Quema de toritos y cohetes son el pan de cada día además de frecuentes convivencias en el parquecillo que funge como punto de reunión para los habitantes más festivos: el parque Juárez, testigo de verbenas populares, incitaciones de alguno que otro grupo urbano que aprovecha la cuantiosa presencia para darse a conocer o de familias que acuden a pasar de un buen rato con sus conocidos y demás.

Siguiendo con el curso natural de los días, llega el jueves, marcado por el catolicismo (religión dominante en la zona) como uno de los más importantes en la celebración de Semana Santa ya que según las creencias populares, es el día en que Jesús es capturado y condenado a morir crucificado. En el transcurso del día y toda la noche, la multitud se da cita en la iglesia, donde se escenifica cada uno de los momentos representantes de esa fecha. Coloridos disfraces, antorchas y diálogos en tiempo real le dan mayor fuerza e impacto a la representación, misma que concluye con Jesús siendo velado por los apóstoles. A ese velo puede acudir cualquier persona que así lo desee, dándole más realismo al montaje.

Así pues llegamos a un peso pesado, uno de esos días tan cargado en lo emocional como en lo físico y cultural: Viernes Santo. Desde los primeros destellos de alba se aprecian las calles decoradas en tonos violetas y blancos, fiel a su costumbre, el día es soleado y la temperatura mínima que se estima es de 38°. La más baja en los últimos 3 años.

El viacrucis da inicio pasadas las 9:00 am, a la ya grande multitud se suman de poco a poco, otros muchos a lo largo del recorrido. Debido a que las condiciones geográficas del terreno son irregulares, las subidas y bajadas hacen sentir como un verdadero sacrificio a los asistentes cada paso que dan. Este año, a diferencia de los anteriores y rompiendo con la tradición, el recorrido no concluyó en “el calvario”, se improvisó en un lugar más apartado de la población casi a las orillas del pueblo: el cerro de San Miguel. Según conteos no oficiales, en la celebración recién ocurrida, asistieron a la peregrinación cerca de tres mil personas, record que parece ampliarse año con año.

Al siguiente día llega lo más esperado de toda la vacación opacando completamente los ámbitos religiosos: sábado de gloria. Las calles del pueblo lucen vacías ante la desbandada masiva que la gente emprende hacia balnearios, ríos y cuerpos acuáticos de la región. Las gafas oscuras, trajes de baño y demás hacen su aparición y mientras brilla el sol, la fiesta se hace presente. Propios y extraños se saludan al encontrarse, las piruetas y saltos mortales atraen la atención en las albercas y el olor a carnes asadas envuelve el ambiente y lo torna más pintoresco y agradable.

Cuando el sol comienza a ocultarse, la gente regresa a sus hogares, algunas menos quemadas que otras, pero no van a descansar, se viene lo más esperado. A pesar de ser un pueblo chico y con poco ánimo de fiesta frívola, la disco que se celebra esa noche llama la atención de toda la región. Los 2 pequeños antros no se dan abasto ante la cantidad de gente que se reúne con deseo de pasar un rato entretenido y, a pesar del cansancio y amontonamientos, el show continúa toda la velada.

Así pues llega el último día de Semana Santa: domingo de resurrección. Si bien simbólicamente este día es muy apreciado por la religión católica, es quizá el día que menor arrastre tiene en la población ajena a un grupo muy específico. Los vacacionistas emprenden regreso a sus hogares y los lugareños prefieren quedarse en casa a descansar y reponer energías ante una inminente jornada laboral que se ve próxima.
Así transcurre Semana Santa en Teotitlán de Flores Magón, donde pareciera que su nombre etimológico “Entre las casas de Dios” le da un toque especial, ya que de varias casas, haciendo franca alusión a los pueblos vecinos, se crea algo realmente único en la región.