Xalapa y su leyenda del Callejón Diamante

Published on febrero 27th, 2014

El callejón diamante: estrecho y largo como si fuera una serpiente, angosto como pocos dentro de la ciudad y protagonista de una de las leyendas con mayor tradición en la capital veracruzana; escenario día con día de innumerables historias para todo aquel que lo transita y recorre sus costados llenos de mística, folclor y colorido. Hoy, desde e-culturismo, te contamos una leyenda que ha permanecido entre las paredes de este viejo e imponente callejón, llena de amor, traición y tragedia, hoy te presentamos: la leyenda del Callejón Diamante.

XALAPACuenta la historia que en una de las casonas del Centro Histórico en Xalapa vivía un matrimonio admirado por los demás: ella, una bella criolla, esbelta, blanca, elegante y joven, de rizos como el azabache, mejillas sonrosadas y labios rojos carmesí; Él era un caballero español, bien formado físicamente, que amaba a la dueña de sus pensamientos con toda el alma. No tenían problemas en su vida: la economía les sonreía y parecía que día con día crecía el amor que se profesaban.

Pasado el tiempo, cuando la relación parecía más fuerte que nunca, la pareja se comprometió. Él le dio a su futura esposa un anillo con un diamante negro, más hermoso que mil perlas juntas. Éste era de lo más extraño y en el dedo anular derecho de la dueña parecía un ojo maligno. Según creencias de la época entre joyeros locales, esta piedra “tenía la rara virtud de aumentar el amor del matrimonio y descubrir la infidelidad de la esposa”.

Cuando le bella señorita le dio el “sí” al joven,  juró  jamás separarse de la extraña joya. Sin embargo, hay juramentos que poco tardan en romperse. El noble caballero tenía un amigo, a quien consideraba más que eso: casi un hermano, mismo al que llevaba a su casa frecuentemente y que, sin que nadie pudiera evitarlo, un sentimiento comenzó a nacer entre él y la bella prometida, hasta que, cierto día, el esposo salió de viaje y ella fue a visitar al amigo, las pasiones surgieron y… sucedió lo inexcusable.

Todas las grandes tragedias comienzan por un descuido; este caso no fue la excepción. En algún momento de la visita, ella se quitó el anillo y lo dejó en el buró de su amante, junto a la cama. Por algún extraño motivo, ella no lo recordó y dejó ahí olvidada tan extraña joya. Por otro lado, a su regresó a Xalapa y guiado por un extraño presentimiento, el esposo no se dirigió a su casa, sino fue primero a la del amigo. Entró y lo encontró en su alcoba durmiendo y, ¡oh sorpresa!, lo primero que vio fue el diamante negro de su esposa descansado en la mesa de noche. Silenciosamente tomó la joya y, entre malas sensaciones y presentimientos, se dirigió a su casa.

Al entrar a su casa, ver a su esposa y al besarle la mano, comprobó que no lucía el anillo. Ciego de ira, celos y enojo ante la evidente traición sacó de entre sus ropas una daga de empuñadura de oro, incrustada de rubíes, y la clavó en el pecho de la traidora. El caballero, aun dolido por el hecho, dejó sobre el cuerpo de la esposa el anillo del diamante negro y desapareció para no volver.

Cuenta la leyenda que los vecinos y demás personas allegadas al Centro Histórico solían exclamar: ¡Vamos a ver “el cadáver del diamante”! Sin embargo, poco a poco la expresión cambió y solo decían ¡Vamos al Callejón del Diamante! Nombre que la tradición ha mantenido a través del tiempo.

 

Por Marlon Andrade Montalvo // Foto de hotelescity