El perro negro: Una leyenda del barrio de Los Sapos

Published on mayo 1st, 2014

leyenda del perro negroLas leyendas sobre criaturas que cambian de forma y ahuyentan personas han existido desde el inicio de los tiempos; ya sea para modificar el modo de actuar de alguien, como escarmiento, o como simple travesura de un alma en pena, estos seres sobrenaturales han logrado permanecer vigentes debido a las personas que aseguran haber atestiguado uno de estos fenómenos.

Si eres de los que trasnocha en la zona del centro de la ciudad, sigue leyendo, esto es para ti. La leyenda que hoy te contamos desde e-culturismo tiene lugar en uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad de Puebla: el barrio de los Sapos.

Corrían los primeros meses de 1935. Allá, en las calles del corazón de la ciudad, las familias paseaban vestidas lujosamente para exaltar su jerarquía, las señoritas buscaban a su futuro amor de su vida, y los jóvenes utilizaban todos sus trucos para conquistar a la dueña de su corazón. De entre todos ellos destacaba José Luis, un muchacho entregado a la vida fácil, a las fiestas y a cosas banales.

Como si estuviera dedicado a hacer enojar a sus padres, días tras día se la pasaba sin ayudar en las labores de casa y, entrada la tarde, salía a las calles para entregarse a la bebida y al vicio, regresando siempre a su hogar a altas horas de la noche o, incluso, madrugada.

Su madre, doña Guadalupe, le pedía que recapacitara ya que, según se decía, una criatura con aspecto demoniaco merodeaba a todos aquellos noctámbulos que regresaban a sus casas y nunca más se volvía a saber de ellos. José Luis, creyendo que era un cuento para asustarlo, echó en saco roto las advertencias y seguía llegando hasta que el cuerpo ya no podía más, sin embargo, una noche cambió todo

Pasaba ya de la media noche cuando, al caminar por la zona de los Sapos, vio a lo lejos a un tierno cachorro que parecía perdido. Conmovido por la imagen, el incauto muchacho se acercó a él cuando de repente, y al estar a una distancia muy corta del animal, este se transformó en una bestia con enormes colmillos y ojos rojos tan brillantes como brazas al fuego que, al momento se lanzó sobre él, arrancándole la vida en su feroz ataque.

A la mañana siguiente, los vecinos narraron con terror los gritos desgarradores que el joven había hecho en su agonía mientras los curiosos rodeaban la escena del crimen. La historia del ataque se corrió como pólvora en la ciudad y era de lo más común ver las grandes calles desiertas apenas se ponía el sol en el horizonte. A tal grado llegó el miedo, que los sacerdotes tuvieron que salir a bendecir las calles, sin embargo, la historia de esta bestia nunca se fue de la memoria colectiva aunque no se tienen registros oficiales de estos hechos.

 

Por José Marlon Andrade Montalvo

Fotografía de: ituango.blogspot.com